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InBody en oncología: por qué la composición corporal es importante en el abordaje del paciente con cáncer

Por InBody Canadá (Traducido por Microcaya)
18 de agosto de 2026

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El papel del análisis de la composición corporal en la evaluación y el seguimiento del paciente oncológico

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La atención a las personas con cáncer va mucho más allá del diagnóstico y el tratamiento. La nutrición, la función física y el estado general del organismo desempeñan un papel fundamental durante todo el proceso oncológico: desde el diagnóstico y el tratamiento hasta la recuperación y la continuidad asistencial.

Uno de los aspectos clave que a menudo se pasa por alto es la composición corporal. Aunque habitualmente se controla el peso corporal, este parámetro por sí solo no permite conocer todos los cambios que se están produciendo en el organismo. Es aquí donde el análisis de la composición corporal puede convertirse en una herramienta de gran utilidad en la atención al paciente oncológico.

Por qué el peso por sí solo no es suficiente en el manejo del cáncer

En la práctica clínica, el peso corporal suele ser uno de los primeros parámetros que se evalúan. Sin embargo, en pacientes con cáncer, el peso por sí solo puede ofrecer una visión incompleta de su estado. Una persona puede mantener un peso corporal estable mientras experimenta importantes cambios internos capaces de influir directamente en los resultados del tratamiento y en su calidad de vida.

Por ejemplo, la pérdida de masa musculoesquelética puede quedar enmascarada por el mantenimiento o el aumento de masa grasa, o por la retención de líquidos. Del mismo modo, una pérdida rápida de peso puede reflejar no solo una disminución de la masa grasa, sino también una pérdida significativa de masa muscular.

La investigación clínica ha demostrado que los pacientes con cáncer pueden experimentar:

  • Pérdida de masa musculoesquelética debido a la inflamación sistémica, la reducción de la actividad física y los efectos secundarios asociados al tratamiento.

  • Un ángulo de fase más bajo, que puede reflejar una alteración de la integridad de las membranas celulares y una disminución de la función celular.

  • Alteraciones en el equilibrio hídrico corporal provocadas por la inflamación, la malnutrición o los edemas relacionados con el tratamiento.

Muchos de estos cambios no son visibles en la báscula, lo que pone en manifiesto la necesidad de realizar una evaluación más completa de la composición corporal en el paciente oncológico.

El papel de InBody en el abordaje del paciente con cáncer

Los analizadores de composición corporal InBody proporcionan una evaluación integral de la composición corporal mediante análisis de impedancia bioeléctrica multifrecuencia segmental directa. Este método permite obtener diferentes parámetros con relevancia clínica que pueden contribuir al seguimiento del paciente oncológico durante las distintas fases del tratamiento, la recuperación o rehabilitación.

Ángulo de fase: Se utiliza como indicador relacionado con la salud celular y el estado nutricional. Su evaluación puede ayudar a médicos, dietistas, nutricionistas y otros profesionales sanitarios a identificar el riesgo de malnutrición en pacientes oncológicos, personalizar las intervenciones y realizar un seguimiento de la evolución del paciente durante determinados tratamientos, incluidas las inmunoterapias.

Relación agua extracelular/ agua corporal total (AEC/ACT): El cáncer puede provocar pérdida de masa muscular y comprometer diferentes funciones orgánicas celulares. Favoreciendo situaciones de inflamación sistémica o edema. La relación AEC/ACT permite a los profesionales sanitarios observar los cambios en la distribución de líquidos corporales y comprender mejor las posibles causas de desequilibrio hídrico.
Además, el análisis segmental de esta ratio AEC/ACT puede ayudar a detectar zonas específicas con retención de líquidos que podrían pasar desapercibidas mediante evaluaciones más generales.

Índice de masa musculoesqulética (MME): Tanto el cáncer como sus tratamientos pueden contribuir a la pérdida de masa musculoesqulética, por lo que resulta especialmente importante evaluar el riesgo de sarcopenia. El índice de masa musculoesquelética (IMME) ayuda a identificar a los pacientes con baja masa muscular o en riesgo, facilitando la implementación de interveciones dirigidas a preservar la salud muscular y favorecer la función física.

Fuerza de prensión manual (HGS): La fuerza de prensión manual (Handgrip Strenght, HGS) es una medida sencilla y eficaz de la fuerza y la función muscular. En pacientes oncológicos, puede complementar la información proporcionada por el IMC al incorporar una valoración funcional del músculo, ayudando a los profesionales sanitarios en la evaluación del riesgo de sarcopenia.

Área de grasa visceral: La grasa visceral es la grasa almacenada alrededor de los órganos internos. Un exceso de grasa visceral se asocia con inflamación crónica y alteraciones metabólicas que pueden influir negativamente en la evaluación clínica, la respuesta al tratamiento y la recuperación del paciente con cáncer.
La evaluación del área de grasa visceral aporta información adicional a parámetros tradicionales como el peso corporal o el índice de masa corporal (IMC), permitiendo realizar una valoración del riesgo más compleja y orientar mejor las estrategias de intervención.

Análisis músculo-grasa: La aparición y progresión de la enfermedad, así como los propios tratamientos oncológicos pueden modificar considerablemente la composición corporal y, en particular, favorecer la pérdida de masa muscular. Por este motivo, evaluar el equilibrio entre masa muscular y masa grasa resulta especialmente relevante. Una masa muscular reducida se ha asociado con una menor supervivencia y una peor tolerancia a determinados tratamientos.

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Conclusión

El análisis de la composición corporal permite obtener una visión más completa del estado del paciente, aportando información que va mucho más allá de los que puede mostrar el peso corporal. Mediante el análisis de composición corporal InBody, los profesionales pueden disponer de información adicional para fundamentar la toma de decisiones, personalizar la atención y realizar un seguimiento de la evolución del paciente a lo largo de las diferentes etapas del proceso oncológico.

Contar con esta información puede ayudar tanto a los pacientes como a los equipos sanitarios a adoptar medidas orientadas a conseguir mejores resultados en la salud y favorecer la recuperación. Porque comprender los cambios que experimenta el organismo es un paso fundamental para poder actuar sobre ellos.