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Implicación de los productos finales de glicación avanzada (AGEs) en el envejecimiento

Por Natalia Zaldua, Doctora en Farmacia y Responsable de Formación de Microcaya
7 de agosto de 2026

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Qué son los AGEs, cómo se forman y por qué su acumulación puede acelerar el envejecimiento y favorecer el desarrollo de enfermedades crónicas

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En los últimos años han ganado popularidad conceptos como longevidad saludable o biohacking. Cada vez son más las personas que buscan estrategias para retrasar el deterioro asociado a la edad y mantener una buena calidad de vida. Más allá de las tendencias, la investigación científica lleva décadas estudiando los mecanismos biológicos que explican por qué envejecemos. Entre ellos, uno de los que ha despertado mayor interés es la acumulación de los productos finales de glicación avanzada (AGEs).

El envejecimiento es un proceso biológico complejo, progresivo y multifactorial, que implica una pérdida gradual de la funcionalidad celular y sistémica, aumentando la susceptibilidad a enfermedades crónicas y degenerativas. Este fenómeno puede clasificarse en envejecimiento fisiológico, asociado a los procesos degenerativos naturales tras la madurez, y envejecimiento patológico, resultado de factores externos o enfermedades crónicas. Ambos tipos comparten mecanismos moleculares comunes que alteran el equilibrio homeostático y contribuyen a la fragilidad del organismo.

Entre los principales mecanismos moleculares implicados destacan el daño y la inestabilidad del ADN, la disfunción mitocondrial, la disminución de la autofagia, la inflamación crónica de bajo grado, la pérdida del equilibrio proteico y la alteración de la comunicación intercelular. Estas alteraciones no actúan de forma independiente, sino que se retroalimentan entre sí, acelerando el deterioro funcional y fisiológico del organismo.

Qué son los productos finales de glicación avanzada

Los productos finales de glicación avanzada (AGEs) son un grupo heterogéneo de compuestos que se acumulan progresivamente en los tejidos a lo largo de la vida. Se forman principalmente mediante reacciones no enzimáticas entre azúcares reductores y proteínas, lípidos o ácidos nucleicos (reacción de Maillard). Sin embargo, también pueden originarse como consecuencia del estrés oxidativo, ya que la oxidación de proteínas, lípidos y ADN favorece la formación de compuestos reactivos que aceleran la generación de AGEs. Por ello, la hiperglucemia y el estrés oxidativo actúan de forma sinérgica, potenciando el daño molecular asociado al envejecimiento.

Mecanismo de acción de los AGEs

Los AGEs no solo alteran la estructura y función de las proteínas y macromoléculas, sino que también actúan como potentes inductores de estrés oxidativo al generar proteínas radicales libres y activar receptores específicos, conocidos como RAGE.

Este proceso contribuye a la disfunción mitocondrial, la inflamación crónica de bajo grado y la pérdida de homeostasis proteica, características distintivas del envejecimiento y de las enfermedades degenerativas asociadas a la edad.

Además, los AGEs inducen daño molecular mediante la formación de enlaces cruzados entre proteínas de la matriz extracelular, reduciendo la movilidad de estructuras como el colágeno y provocando la rigidez tisular característica del envejecimiento.

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AGEs endógenos y exógenos

Hasta la fecha se han identificado numerosos tipos de productos finales de glicación avanzada (AGEs), tanto en el organismo como en los alimentos. Aunque presentan estructuras y propiedades biológicas diferentes, desde un punto de vista práctico pueden clasificarse según su origen en AGEs endógenos y AGEs exógenos. AGEs endógenos: se forman en el organismo a partir de reacciones no enzimáticas entre azúcares reductores y proteínas, lípidos o ADN. En situaciones de estrés glucémico o estrés oxidativo su formación puede acelerarse considerablemente. AGEs exógenos: Proceden principalmente de la alimentación y, en menor medida, de otras fuentes ambientales, como el humo del tabaco. Se generan especialmente durante el cocinado de alimentos ricos en proteínas y grasas a altas temperaturas, como ocurre en las frituras, los asados, las parrillas o los horneados.

La acumulación de AGEs está determinada por la interacción de factores internos, como el envejecimiento o los trastornos metabólicos, y factores externos, como el sedentarismo, la alimentación rica en AGEs, la radiación ultravioleta y el tabaquismo.

Patologías asociadas a la acumulación de AGEs

Cuando los AGEs se acumulan en el organismo favorecen la inflamación, el estrés oxidativo y el daño celular, acelerando el envejecimiento y aumentando el riesgo de desarrollar diversas enfermedades crónicas. Entre las más importantes destacan:

  • Diabetes mellitus: la exposición mantenida a concentraciones elevadas de glucosa acelera la formación de AGEs (la hemoglobina glicada es un precursor de los AGEs) y contribuye al daño vascular y tisular asociado a sus complicaciones, como la retinopatía, la nefropatía, la neuropatía y la enfermedad cardiovascular.
  • Enfermedad renal crónica: en la ERC se produce, además, un círculo especialmente desfavorable: al disminuir la capacidad renal para eliminar determinados AGEs y sus precursores, aumenta su acumulación, lo que puede contribuir al estrés oxidativo, la inflamación y el daño cardiovascular.
  • Riesgo Cardiovascular: A nivel vascular, los AGEs pueden formar enlaces cruzados con proteínas de larga vida como el colágeno y alterar la función endotelial, mecanismos relacionados con una mayor rigidez arterial y aterosclerosis.
  • Enfermedad de Alzheimer: se han encontrado AGEs asociados a placas de β-amiloide y ovillos neurofibrilares de tau, y diferentes estudios relacionan la señalización AGE-RAGE con procesos de estrés oxidativo y neuroinflamación.

Estrategias para reducir la formación y acumulación de AGEs

Aunque los AGEs se forman de manera natural durante el envejecimiento, numerosos estudios demuestran que la adopción de hábitos de vida saludables puede reducir su formación y limitar su acumulación. La alimentación, el ejercicio físico y otras intervenciones sobre el estilo de vida constituyen actualmente las principales estrategias preventivas.

  • Priorizar una alimentación rica en alimentos frescos. Los alimentos de origen animal ricos en proteínas y grasas aportan una mayor cantidad de AGEs, especialmente cuando se cocinan a altas temperaturas. Una dieta basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otros alimentos frescos aporta menos AGEs y una mayor cantidad de compuestos antioxidantes. También pueden resultar beneficiosos alimentos ricos en taurina, carnitina, histidina y carnosina, así como aquellos con acción prebiótica y probiótica, que favorecen la digestión, la asimilación de nutrientes y la eliminación de productos tóxicos.
  • Elegir técnicas de cocinado suaves. La forma de cocinar influye directamente en la formación de AGEs. Se recomienda cocinar a bajas temperaturas, en presencia de humedad y durante periodos cortos. Métodos como el vapor, el hervido o los guisos generan menos AGEs que las frituras, los rebozados, el asado o la parrilla, donde las altas temperaturas favorecen su formación.
  • Practicar ejercicio físico de forma regular. El ejercicio moderado ayuda a disminuir la formación de AGEs al reducir el estrés oxidativo y mejorar el metabolismo de la glucosa. Las actividades aeróbicas y de resistencia se han asociado con menores niveles de AGEs y una mejor función endotelial. Para obtener el máximo beneficio, debe combinarse con una alimentación baja en AGEs y evitar el sobreentrenamiento, ya que un exceso de ejercicio puede aumentar el estrés oxidativo.
  • Aumentar el consumo de compuestos con acción antiglicación y antioxidante. Algunos nutrientes y compuestos naturales han demostrado actividad frente a la formación de AGEs, entre ellos las vitaminas B1 y B6, la carnosina, la epigalocatequina del té verde y el resveratrol presente en las uvas. Su acción antioxidante contribuye a limitar la glicación y el estrés oxidativo.
  • Tratamientos farmacológicos: una vía todavía en investigación. Actualmente no existe ningún tratamiento seguro y eficaz aprobado para reducir los AGEs. Aunque se han estudiado compuestos como la aminoguanidina o el alagebrium, y algunos fármacos como la metformina, las estatinas o determinados antihipertensivos pueden ejercer efectos indirectos, la evidencia disponible todavía no permite considerarlos una estrategia específica para reducir su acumulación.

Conclusión

Los productos finales de glicación avanzada se producen de forma endógena y también se encuentran en los alimentos. Se acumulan en los tejidos corporales a lo largo de la vida y una acumulación excesiva puede inducir daños en los tejidos y acelerar el envejecimiento.

La disminución de AGEs exógenos procedentes de la dieta, junto con la práctica regular de ejercicio físico controlado, reduce los niveles circulantes de AGEs y de marcadores de inflamación y estrés oxidativo, contribuyendo a un envejecimiento más saludable.

Por lo tanto, la adopción de hábitos de vida saludables, una dieta equilibrada rica en antioxidantes, el uso de técnicas de cocinado suaves, la reducción del estrés, la deshabituación tabáquica y la realización de ejercicio físico controlado pueden considerarse estrategias preventivas, eficaces y accesibles frente al envejecimiento acelerado.